lunes, 16 de noviembre de 2015

Cookies y ley de cookies; un repaso a la incompetencia de los europarlamentarios.

Quizás a priori el título de esta entrada suena un poco presuntuoso. Incompetencia es una palabra muy grande para ser pronunciada tan a la ligera, y sin embargo, creo poder demostraros cuan acertada puede ser en este caso.

Hablemos de las cookies: esa palabra tan conocida como ignorada. Aparentemente, para muchos de nosotros, tan solo son esos molestos carteles "inevitables" con los que tienes que lidiar día a día como uno de esos grandes dramas del primer mundo. Vamos a presentaros a los cookies:





Las cookies son pequeños fragmentos de datos que tu ordenador se toma la licencia de guardar de cada página web a la que accedes por primera vez. Los cookies son su carnet de identidad a ojos de tu navegador, y este ese esencialmente su mayor uso. Cuando vuelves a acceder a esa web, la cookie simplemente enseña su identificación para volver a pasar. Visto así, parecen bastante inofensivos. Pero existe un lado oscuro. Ese temible lado oscuro son las lagunas de seguridad que pueden ir cavando. Ante este enemigo invisible, nuestros gobiernos no nos dejan desamparados: Existe por supuesto una regulación de cookies para subsanar estas terribles lagunas. 
De esta manera, la Ley de Cookies obliga a los propietarios de las webs del uso de estas cookies antes de usarlas sin su consentimiento, so pretexto de conservar nuestra preciada segur!idad.

Hasta ahí todo bien. 

¿Cuál es el problema de esta ley? Pues son numerosos: 
Para empezar, a nivel usuario, prácticamente el 99% de los navegadores te permiten desactivarlos fácilmente. (¡Voilá, amenaza resuelta!). Empezando desde esta premisa, que además, lleva implantada como opción desde el paleolítico informático, esta magnífica ley hace aguas por muchos más sitios: las cookies no son ni de lejos, el principal ni más preocupante problema en cuestiones de privacidad en internet. (¡Hola NSA! ¡Hola GCHQ!). Volviendo a la base de que esto es fácilmente bloqueable por el propio usuario, por mucho cartel y mucha propaganda que se pretenda hacer, las cookies siguen siendo tristemente desconocidas. Por no hablar de que tal y como está redactada la ley, realmente muy pocas empresas la cumplen estrictamente, haciendo el trabajo sucio primero y preguntando después, aunque esta vapuleada ley diga que se debe preguntar primero, práctica llevada a cabo tanto por multinacionales como por PYMES. 

Resumiendo: Tenemos una preciosa ley innecesaria sobre una cuestión poco prioritaria que no resuelve absolutamente ningún problema y que además se incumple de forma masiva. Bravo.
Para empezar a hablar de medidas medianamente útiles, se podría empezar directamente desde el corazón de la "amenaza": mediando sobre el espionaje masivo de nuestras dos amigas NSA y GCHQ (al mundo anglosajón le sobra un cierto complejo voyeaur) o evitar leyes retrógradas como lo son la propuesta del parlamento británico a prohibir ciertos cifrados para los cuales su preciosa GCHQ aún no ha encontrado fallos, impidiendo masivamente a cualquiera que se comunique cifrando sus mensajes de forma efectiva.  Otra medida más seria, sería quizás migrar de protocolos HTTP en favor de un HTTPS o un protocolo de comunicación más seguro. 


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